HISTORIA:

Dejar huella.

A veces no somos tan conscientes del hecho que las decisiones que tomamos en la juventud hacen la diferencia en los resultados que obtenemos durante el resto de la vida, porque casi siempre la vida va tomando forma cuando miramos hacia a atrás y en el afán de ir avanzando perdemos un poco la perspectiva del panorama completo.

En el 2002 salimos rumbo al Cabo de la Vela en bicicleta, porque queríamos ir en búsqueda del norte colombiano, para ese momento no teníamos bicicletas, no conocíamos la Guajira y el ímpetu de la juventud nos permitía enfrentarnos a la posibilidad de encontrarnos a la guerrilla sin pensar en las consecuencias.

Después de 13 días de pedalear llegamos a las rancherías del Cabo y entre sudor y lágrimas nos metimos en el mar a disfrutar de la victoria, esa sensación de lograr lo que nos proponemos y que en mi sembró la idea de que no importa lo imposible que parezca la meta, lo lograremos si realmente lo deseamos.

Al volver a Bogotá fundamos Andares, una empresa que inicialmente combinó la educación y el turismo ofreciendo la oportunidad de recorrer el país generando experiencias significativas en estudiantes de colegios que refuerzan valores como el compañerismo, la curiosidad, la compasión y que buscan formar líderes más conscientes y con sentido.

Con el tiempo Andares desarrolló otras líneas de negocio, volviéndose una empresa con un alcance más amplio en el que llevamos nuestros procesos al sector corporativo, acompañando a las empresas a desarrollar el talento en sus equipos.

 

 

 

 En Andares estamos convencidos que la mejor inversión que podemos hacer por un mundo mejor es trabajar con las personas y por las personas. Estamos convencidos que las conversaciones transforman empresas, que los equipos pueden ser diversos y eficientes a la vez y que en la medida que invertimos tiempo en la gente, la rentabilidad de nuestras compañías aumenta no sólo en utilidades.

Sigue habiendo la percepción que hay que mejorar los procesos y los indicadores y que una nueva certificación puede mejorar la reputación de las organizaciones, pero nada de eso sirve si las personas no lo integran y si no están convencidas del propósito por el que lo hacen.

2020 nos retó al máximo como empresa, tuvimos que salir de todos nuestros empleados quedando sólo los socios, nuestra proyección de ventas quedó reducida a cero frente al que iba a ser el mejor año en ventas de nuestra historia, pero no pensamos nunca en cerrar porque nuestro propósito es nuestra razón de vivir y no nos vemos haciendo otra cosa que no sea dejar huella en otros.

En medio de desafío reafirmamos nuestro propósito, le preguntamos a nuestros clientes cómo los podíamos acompañar en este reto, generamos nuevas líneas de negocio, nos replanteamos la estrategia y surgieron oportunidades que empezamos a materializar. Lo hacemos porque sabemos que estos procesos aportan a que las personas desarrollen su máximo potencial y a las organizaciones a buscar el equilibrio.

Para este 2021 esperamos aportar al crecimiento de nuestros clientes y llevar nuestra experiencia de 18 años a más empresas que quieran crecer invirtiendo en su gente.